Descansa en paz Jessicađź–¤ Joven muere tras… Ver más
La imagen se impone con una dulzura que duele. Jessica sonrĂe. No es una sonrisa forzada ni posada; es de esas que nacen sin permiso, como si en ese instante la vida le hubiera susurrado algo bonito al oĂdo. Su cabello cae largo, libre, como si no supiera todavĂa que el tiempo iba a detenerse demasiado pronto. El lazo negro, discreto pero definitivo, aparece como un golpe silencioso: no está ahĂ para adornar, está ahĂ para avisar que algo se rompiĂł para siempre.
Hay fotografĂas que no deberĂan existir, porque significan que alguien ya no está. Esta es una de ellas.
Jessica era juventud detenida en un segundo. Era esa etapa en la que todo parece posible, en la que los planes todavĂa no pesan y el futuro se imagina largo, generoso, lleno de “despuĂ©s”. Mirarla es pensar en risas cotidianas, en mensajes enviados sin pensar, en canciones escuchadas con audĂfonos, en tardes que parecĂan normales y que hoy serĂan tesoros.
La palabra “joven” pesa más cuando va acompañada de “muere”. Porque no es solo una edad; es todo lo que no alcanzĂł a pasar. Son los sueños que quedaron en pausa, las promesas que nadie sabĂa que serĂan las Ăşltimas, los abrazos que se dieron sin saber que no habrĂa otro. Es la brutalidad de lo inesperado.
En su sonrisa no hay tragedia. Y quizá eso es lo que más duele. Porque la muerte no siempre avisa con rostros tristes. A veces llega cuando alguien está sonriendo, cuando la vida parece seguir su curso, cuando nadie imagina que ese instante quedará congelado como recuerdo final. La imagen se convierte entonces en un refugio y una herida al mismo tiempo.
Quienes la conocieron seguramente repiten su nombre en voz baja. Jessica. Como si decirlo despacio pudiera traerla de vuelta. Como si pronunciarlo fuera una forma de no dejarla ir del todo. En algún lugar, alguien revisa conversaciones antiguas. Alguien más mira esta foto una y otra vez, buscando una señal, una explicación, algo que haga que todo tenga sentido. Pero hay pérdidas que no vienen con respuestas claras.
Las redes dicen “descansa en paz”, pero el descanso no es para los que se quedan. Para ellos queda el ruido del silencio, la silla vacĂa, la costumbre que ya no encuentra a su dueña. Queda aprender a vivir con una ausencia que no pidiĂł permiso. Queda aceptar que la vida puede cambiar en un parpadeo.
Jessica se fue, pero no se borra. Permanece en la memoria de quienes la amaron, en los gestos que alguien más repetirá sin darse cuenta, en las fechas que dolerán distinto a partir de ahora. Permanece en esta imagen que circula, no como morbo, sino como recordatorio de lo frágil que es todo.
Que su sonrisa no sea solo tristeza.
Que sea también memoria.
Que sea advertencia suave de que hay que abrazar más, decir más, amar sin esperar.
Porque nadie sabe cuándo será la última foto.
Nadie sabe cuándo será el último “luego hablamos”.
Descansa en paz, Jessica.
El mundo sigue, pero ya no es igual sin ti.
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